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Los votos alcanzados no fueron suficientes para conservar el registro, pero si para refrendar la necesidad de abrir espacios de participación a una ciudadanía que está cansada de los viejos partidos. En julio de 2003 la decepción ciudadana se expresó en abstención. Es necesario que esa justificable conducta de la mayoría de los electores adquiera otra forma de manifestación, activa, participativa, pues solo así será posible dar a la política la dignidad y el respeto que ha perdido. La ley electoral impide que un partido que pierde su registro legal participe en la elección inmediata siguiente, dejando abierta la posibilidad de que lo haga después. Por esa restricción, y por la reforma que en diciembre de 2003 aprobó el Congreso, duplicando los requisitos para el registro de nuevos partidos es necesario replantear otros mecanismos que nos permitan seguir construyendo el espacio de cientos de ciudadanos y ciudadanas que buscan nuevas formas de participación política, social y económica. Para las elecciones de julio de 2003, ya como partido político nacional, Fuerza Ciudadana postuló candidatos a diputados federales y además candidatos a gobernador en cinco estados. Ese enorme esfuerzo, inédito para una organización de nuevo registro, no fue, sin embargo, suficiente para alcanzar el mínimo además candidatos a gobernador en cinco estados. Ese en de votación que la ley exige para refrendar el registro legal. La elevada abstención, la más alta desde 1991; la disparidad de recursos; el número de partidos en competencia y el corto tiempo con que contamos para dar a conocer a la sociedad nuestras propuestas explican el resultado que Fuerza Ciudadana obtuvo en las urnas el 2 de julio de 2003. |
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